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Por Buqui Vatalaro
¡Fuego...Fuego!
De cómo la “Gran Cosa” puede extinguirse...
- 15.04.2003
El fuego comenzó hace ya un tiempo, leve, tímido, casi insignificante. Nadie lo advirtió. Dirigentes y socios de la “Gran Cosa”, todos distraídos en sus quehaceres, mirando hacia el otro lado, no pudimos percatarnos de ello.
Las llamas sólo medían la estatura de una cuarta, de un palmo. Su calor, apenas perceptible, no alcanzaba a intimidar a los señores responsables de cuidar a la “Gran Cosa”. Cada uno, ensimismado, protegía celosamente “su” quintita. Si esto o aquello estaba en su lugar, no había motivos para preocuparse.
Pero este tipo de fuego moderno conserva todavía la misma y ancestral costumbre de “avivarse” con el paso del tiempo, de propagarse como un río de lava candente que destruye todo a su paso. Y, como nadie lo advirtió, entonces fue creciendo.
Pasaron los años y la “Gran Cosa”, tan grande y tan amada por muchos, debió comenzar a sentir la quemazón en sus propias entrañas. Y el dolor de sus llagas la fueron debilitando hasta más no poder.
Los gritos desgarradores de la “Gran Cosa”, a flor de su piel quemada por las llamas, se hicieron oír sutilmente. Los sordos y los necios, no sé por qué extraña causa, son siempre quienes están más “a mano” para apagar los incendios como éste.
Entonces el fuego avanza, se aviva cada vez más y más. Se aprovecha de las distracciones y de las ineptitudes de algunos pocos responsables para terminar destrozando las esperanzas y anhelos de muchos. Llega, al fin, la angustia y la desazón, la incertidumbre y la incipiente posibilidad de padecer el dolor de “ya no ser”.
Dirigentes de la “Gran Cosa”, otrora soberbiamente distraídos, pronto correrán desesperados para intentar salvarse de los posibles “chancletazos en el rostro”. Irán en procura de baldes con arena, zapas y mangueras de alta presión que nunca encontrarán porque nunca aprendieron a buscar.
Sus socios, que no somos muchos y también solemos distraernos, miramos azorados todo este carnaval dantesco atinando solamente a rezar sensibleras oraciones para evitar el desastre, sin intenciones serias de intervenir en el salvataje. Porque sabemos que “los silencios a capella”, tarde o temprano, siempre tienen un costo que hay que pagar.
Apenas unos pocos socios, como si fuesen “cristos calaveras”, y que sólo cuentan en su haber con viejas doctrinas que simulan ser mangueras contra el fuego, aunque resecas y agujereadas, pretenden recién ahora asumir el compromiso formal de salvar a la “Gran Cosa”.
Pero no les alcanza, así como están posicionados, no les alcanza. Para apagar este fuego no basta con repetir doctrinas de antaño; tampoco es suficiente con intentar, otra vez, persuadir con aquellos faldones que penden a modo de discursos perimidos, anacrónicos, sin consistencia. La obsolescencia de sus discursos tristes como trapos, responsorio de viejas costumbres, enviciados, que sólo sirven para gatillar la muerte en el escrache final, no será solución sino la suma de más problemas para la “Gran Cosa” y no harán más que echarle nafta al fuego que, ahora, la está abrazando casi por completo.
Dirigentes y socios de la “Gran Cosa”, sumando nuestras pasividades y abstracciones, sin compromisos plausibles, vemos cómo el “poder crecer” sucumbe frente a nuestras propias narices; por no saber o por no poder hacer las cosas bien.
Nadie es culpable, en particular, de la agonía de la “Gran Cosa”; pero todos somos responsables, en general, a la hora de intentar mitigar sus heridas, de aplicar bálsamos curativos a su ardida piel.
Oficialismo y oposición permanecieron narcotizados, estupefactos frente a las posibilidades de “dar lo mejor de cada uno” en beneficio de todos quienes conformamos esta “Gran Cosa”. Los socios, en cambio, encerrados detrás de los canceles de las puertas, atinando sólo a espiar entre las cortinas de la crítica barata e inútil, poco aportamos en esta lucha para extinguir el fuego.
“Nada está perdido”, dicen los más optimistas. Por eso, si alcanzamos a ver “el fondo de las cosas” y a tres o cuatro meses de un acto eleccionario superlativo y trascendental, entre todos podremos salvar el presente y consolidar el futuro, al menos inmediato, de esta “Gran Cosa” que se incendia y que tanto decimos amar.
Por eso, mis amigos, hay que buscar los espacios para el encuentro, hallar el momento oportuno para concordar aun en el disenso, atreverse a mirarnos en la cara los unos con los otros para debatir, en público, ideas nuevas en procura de lograr la preparación y capacitación de una dirigencia moderna y eficaz, sin propiciar nunca jamás la crítica mordaz, socarrona e inútil desde los cafés. Sin ánimo de concretar venganzas personales y despojados de los intereses espurios, creo entonces, que habrá una esperanza.
¡Que empiece la función!. ¿Acaso seremos, al fin, protagonistas o quedaremos como siempre espiando detrás de las cortinas viendo cómo arde la “Gran Cosa”?.
Todavía estamos a tiempo para un encuentro. Canalla.com es un espacio disponible para ser utilizado por el oficialismo, por la oposición y “para todos los socios de buena voluntad que quieran habitar el suelo centralista”.
Si tienes ideas renovadas y propuestas concretas para llevar a cabo fuera del alcance de las utopías y los sueños prohibidos, entonces hazlas saber, ponlas en conocimiento de todos a través de esta página.
Sólo de esta manera el fuego irá cediendo.
Medrosos y dubitativos...¡Abstenerse!.
“Buqui” Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)