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De: Eugenio Giolito
Enviado: 1 de marzo de 2001
Asunto: Nochebuena del 2000!

 

La verdad me demore un tiempo en contra esta historia pero creo que vale la pena que la conozcan.

Les aclaro por si hay duda que todo lo que sigue es absolutamente real, no le paso a un amigo ni me lo contaron, me paso a mi, Eugenio Giolito, la Nochebuena del año 2000.

Resulta, que por razones ajenas a mi voluntad (un par de exámenes importantes en enero) tuve que pasar mi primera Navidad fuera de Rosario, y tan lejos como en Hyattsville, Maryland, un pueblito en los suburbios de Washington DC.

Se imaginarán, frio, poca gente, terminando un año que tuvo de todo menos lindo, la verdad es que ni ganas de festejar la Navidad tenía.

Como éramos varios los que andabamos por acá, mi amiga Rubiana (India, de Bombay, ella) se le ocurrio hacer una reunión en su casa. Si no, me hubiera quedado en casa mirando la tele o estudiando (vayan poniendose en situación de mi estado de ánimo).

Llego el 24 a la noche y empezó a llegar la gente a la casa de Rubiana.

Esperabamos a un compañero argentino, Cesar con la esposa, pero los demás eran de todas partes. Rubiana se puso su vestido indio, y entraron a caer Amirah (como la Yoma), egipcia ella con su hijita Nadine (una enana rompequinotos que cuando me daba vuelta me pateaba), la chinita Ye con su novio que se hacia llamar “Oliver” pero era mas chino que Mao Tse Tung, La gringa Stacey, Marquito un peruano hincha de la Alianza (que el otro día festejaba los 6 que le hicimos a la U), y alguno que otro que no me acuerdo.

Todo muy lindo, muy simpatico, muy internacional, gente que apreció, pero yo no podía levantar el ánimo. Una Navidad tan rara (al punto de que el único católico era yo), tan lejos, me sentía tan solo a pesar de que estaba con amigos.

Miraba afuera y ni una voz, ni un petardo, una lamparita con nieve en el parque nada más, no creo haberme sentido tan extraño nunca. Me puse a mirar al cielo y pensaba, y recordaba navidades de chico, cuando la familia era grande, cuando íbamos a hacer las compras con el Viejo, y ahora aca, perdido en el culo de mundo, hablando en inglés, pasando una Navidad de mierda en un año de mierda.

Y me empece a plantear porque habia terminado acá, si había hecho bien en venirme, me preguntaba si era yo el que estaba en mis zapatos. Seguía contra la ventana y miraba el cielo, como esperando una respuesta...

Golpean la puerta. Sera Cesar, dije, salvo que haya algun chinito más por venir.

Me levante rápido para evitar la patada de Nadine y fui hacia la puerta. Cuando abro, me quedo paralizado. Veo a un flaco que en mi vida habia visto antes CON LA CAMPERA MARCA UMBRO (modelo invierno, claro) DEL GLORIOSO ROSARIO CENTRAL.

No lo podia creer. Era el cuñado de Cesar, porteño de Barracas, que esa noche habia llegado de BA para visitarlos unos dias. “Pibe, vos sos de Central, sólo atiné a decir” , Y lo abracé (a todo esto me olvide que Nadine estaba tratando de treparse a mi espalda y quedó desparramada en el piso).

Pasé media hora tratando de explicarle a todo el Medio Oriente de lo que significaba para mi ese momento.

Viví 5 años en BA y nunca conocí a un portenio hincha de Central, salvo que tuviera familia en Rosario, y este se hizo hincha en el 80 cuando ganamos 4 a 0 en la Bombonera (si mal no recuerdo debe ser la unica vez que Finaroli hizo dos goles).

A partir de eso, todo cambió, el alma me volvio al cuerpo y Navidad fue Navidad, miré al cielo y dije gracias Dios, por mandarme este regalo, me di cuenta que uno es el mismo donde quiera que le toque estar, y que lo que llevas adentro te sigue por más que te toque estar lejos de los que querés.

No voy a decir “Dios es de Central” porque es un recurso ya muy utilizado, pero diganme, Uds que piensan?

 

Perdonen por lo largo pero me parecio que valia la pena.

 

Un abrazo.

Eugenio Giolito