Por Alicia de la Cruz
Messera y el partido de la vida
- 01.03.2004
El domingo 22 de Febrero nos encontró el sol radiante a quienes estábamos en la platea a espaldas del río en la cancha de Central. Estaba por comenzar el partido cuando nos dimos cuenta que el técnico auriazul tenía una banda negra alrededor de su brazo. Eso indicaba luto.
Este hecho se corroboró con el minuto de silencio pedido por los parlantes del estadio. Se nos informó que horas antes había partido el padre de uno de los jugadores de Central: el padre de Mariano Messera.
Al concluir ese minuto de respeto por el alma que ya
partió, toda
Cuatro días después se jugaba el segundo partido por
Y a pesar de las dos derrotas consecutivas en el campeonato local, el Gigante ofrecía un espectáculo sin par, con sus tribunas repletas de corazones auriazules que cantaban y alentaban sin parar.
Llegamos al estadio con sólo media hora de anticipación.
Al entrar ya vibraba mi corazón. A medida que subíamos las gradas para alcanzar nuestras ubicaciones, sentía que se aceleraban mis latidos por la emoción de estar en la cancha del club de mis amores.
La noche era el marco perfecto para abrazar el espectáculo ya próximo a comenzar.
De repente, todo se tiñó de AZUL Y AMARILLO. Las banderas gigantes con mil motivos, los fuegos artificiales estallaron en color azul y dorado, los papelitos que alguna abuela habrá cortado compinche de su nieto que iría a ver el partido, el humo auriazul...Todo anunció lo esperado: el ingreso de los jugadores centralistas al campo de juego.
Y empezaron los más diversos cantos para alentar al equipo. Entre ellos se volvió a escuchar claramente el “Messera...Messera” coreado por miles de gargantas. Era la forma mejor de decirle a Mariano... “te queremos, y estamos con vos”. Él se disponía a atravesar el césped para llegar al banco de suplentes. Me imagino cómo se habrá sentido, pues hizo esta travesía, llevando impregnados sus oídos del cariño de la hinchada.
Al terminar el primer tiempo con un empate en cero, los simpatizantes comenzamos a cantar nuevamente reclamando la presencia de Messera en el partido.
Y fue al comenzar el segundo período, cuando se anuncia el cambio, que el estadio estalló en algarabía.
Los chicos de Central intentaron por todos los medios de generar situaciones de gol que favorecieran el resultado deseado. Pero en una oportunidad fue uno de los palos el que dijo “no”. Otra vez lo malogró el árbitro por sus fallos erróneos. Y varias veces, los nervios traicionaron los intentos de llegar a concretar el tanto.
Cada vez que Messera se adueñaba del balón, la tribuna le respondía con un lenguaje de cantos y aliento que sólo lo entienden aquellos que se tienen afecto.
Pero llegó inesperadamente el gol peruano a través de una de las pocas jugadas logradas por los limeños.
Mas ni los jugadores centralistas ni la hinchada se rindió. Central siguió luchando hasta el final. Y los simpatizantes a seguir alentando a nuestro equipo.
La última vez que miré al reloj del estadio marcaba ya los 45 minutos de tiempo reglamentario.
Y la pelota sin poder entrar en el arco rival.
Ya muchos se retiraban cabizbajos desde las plateas.
Quedaba la certeza de haber luchado, es más quedaban 30 segundos del tiempo adicionado por el referee trasandino.
Quizás fuera la última oportunidad para Central, pero el equipo seguía luchando hasta alcanzar el área rival.
Todos nos pusimos de pie. El corazón nos latía fuerte en el pecho. Y el grito de “GOOOL” llegó. Subió por nuestras gargantas y colmó el estadio.
“Messera, Messera...” ¡¡¡El autor del gol fue Mariano!!! Y la emoción nacida de lo profundo del alma, se tradujo en lágrimas que ganaron los rostros de todos los presentes. En medio de los saltos de alegría, nadie podía sacar sus ojos del jugador que, horas antes, había perdido a su padre el mismo día de su cumpleaños. Nadie podía dejar de mirar su festejo colmado de lágrimas ni del gesto conmovedor de sus brazos alzados al cielo ni de sus labios que murmuraban: “¡¡¡para vos, papá!!!”
Lloramos con vos, Mariano. Te acompañamos. No estás solo. Tenés a toda la hinchada que te alienta.
GRACIAS, MARIANO, POR HACERNOS COMPRENDER QUE A PESAR DE LAS PÉRDIDAS Y DEL DOLOR, SE PUEDE SEGUIR LUCHANDO CON PERSEVERANCIA EN EL PARTIDO DE LA VIDA...
Personalmente considero que éste fue el partido más emotivo que he vivido en la cancha de Central.
A Vos, SEÑOR, te agradezco porque me permitiste ser testigo de esta maravilla de amor.
Ante Ti me comprometo a rezar por Mariano y por toda su familia.
“Señor...cólmalos de tu Bendición, de tu Amor y de tu Paz.”
Que así sea.
Alicia de la Cruz.
Rosario, 28 de Febrero 2004.