Por Eduardo Pace Vairo
Poné huevos, Pinino, poné...
De Clásicos y otras yerbas...
- 04.01.2003
Los argentinos somos a veces exquisitos en recordar aquellos hechos que circundaron nuestra primera presencia como hincha en un estadio de fútbol: o bien no lo hacemos por el factor más comprometido de los años, la vergüenza, o simplemente porque sufrimos de amnesia galopante. En ciertas ocasiones aprovechamos el momento oportuno de una previa o el entretiempo de un fastidioso cero a cero para volcarnos en la misión de molestar al compañero ocasional de tribuna y comentar algunas generalidades, incluyendo el parentesco con cierto foward derecho o half izquierdo o las travesuras de algún puntero que, en realidad, no vale la pena recordarlas. Explicar tal o cual jugada en voz alta como maestro de escuela primaria ; un partido memorable, intensivo, clásico o bochornoso con la finalidad que otro aburrido concurrente intervenga en la conversación y genere, en definitiva, una pequeña e improvisada mesa de debate captando el interés del juez de línea, el asistente deportivo, el aguatero suplente y toda la policía de guardia.-
Cómicas o no, las anécdotas pueden juntarse en la emisión de algún libro huérfano de finalidades económicas, percibiendo cierto grado de liberación psicoanalítica ; contradicción poco uniforme que, situada en un experimento literario, generaría la expresión más analítica y acertada del modelo de absorción freudiano, la justificación de una tesis de ascetismo lacaniano o bien la conformación de una real porquería. Basándonos en los dos primeros conceptos, seríamos una suerte de Gardel y Le Pera juntos, pese a que los artistas del tango jamás relacionaron sus virtudes con la verborragia del fútbol y sí con las carreras de caballos. El hecho mismo de transcribir un anecdotario nos colocaría en el nivel de los exquisitos hasta transformarnos en populistas (sin molestarnos en pensar o detener semejante producción) o terapeutas metodológicos (con la tarea de ordenar acontecimientos igual que el positivismo histórico). Pavada de mención; serviríamos a la sociedad para distraerla de la crisis o definitivamente aburrirla.-
La estructura del relato deportivo es bastante minuciosa ; aglomera tiempo, cronología, meteorología, hombres, nombres, acciones, jugadas destacadas y salideras en un compacto perfecto. Falta la teatralización. Virtud del hincha argentino se distingue del europeo por su cadencia y prontitud para la resolución de los hechos, sin incorporar diálogos. Modestia aparte, muchos de la grey canalla evocan las ocurrencias de un insider izquierdo rosarino que hizo tres goles seguidos en quince minutos tras ser apercibido por los ademanes e insultos ... de su propia hinchada. Después le preguntaron en un reportaje si recordaba las jugadas y contestó abiertamente que no, dejando desnudo de ideas al periodista deportivo con intenciones de profundizar su obra maestra. Fue el mismo muchacho que en un partido con lluvia frente a River Plate se dedicó a tirar barro en los pies de los volantes y los delanteros que, en un momento dado, le alcahuetearon al árbitro de tales actitudes anti –deportivas, mientras el director de justicia no paraba de contagiarse de las carcajadas que provenían desde un amplio sector de la platea. También uno puede recordar el día de un gol válido logrado de casualidad cuando un famoso puntero izquierdo recibió tremendo pelotazo en el culo mientras se dirigía a atarse los botines a un costado del arco contrario; los chichones en las nalgas aún se inflaman con el pasar del recuerdo.
Ah, ah, pícaro de ustedes, jovatos de la oficial, no acordarse de Juancito Vairo esa tarde contra Independiente, un lunes, precisamente un lunes... Si. el insider más peligroso que tuvo Rosario Central en todas sus épocas, pero no precisamente por su habilidad en las piernas, sino por la capacidad de putear al contrario en la cancha cuando le robaban la pelota. Y qué canalla residente en Arroyito no puede hacer memoria de su elegancia e inteligencia para piropear a las chicas en la vieja avenida Alberdi?. O cagarse de la risa con el funebrero Chiavetta, aquel punterito derecho que no llegó a primera por culpa de unos tanos de cuarta que comandaban la temible legión de la Comisiòn Directiva?. Ah, si, dicen que era jodón el muchacho. Y si no, que lo diga el tablón Esquide, el wing izquierdo de Chacarita Juniors que lo maldecía cada vez que le tocaba una de esas y a la semana terminaban abrazados y chupando cerveza en el Club Aurora, mientras cantaban unos honoríficos e interminables tangos...-
Federico, el hermano. El serio, el patròn, el patada de bestia, el tres que temblaba Carrizo y después lo tuvo de compañero. El hombre que más recuerdan los verdaderos canallas de esas recordadas épocas. Pucha, no lo vi jugar, qué lástima, pero siempre me contaron que era bueno para todo...más para patear penales con la purísima de tiento que cuando se embarraba había que ser mago o de fierro para atajarla. Cómo le pegaba...como un cañón a la pelota. Si, siempre dice que el torito Aguirre lo admiraba y se la pasaba dándole consejos como un padre
-...usted, Federico, haga esto, haga lo otro...-
Ay, mi Dios, en ese tiempo se trataban de usted...Qué respeto!!. Y mi abuelo el verdulero, el babbo(en dialecto significa papá ) de los hermanos canallas en la tribuna peleándose con un par de connacionales porque repetían ofensivos términos contra sus hijos, andá saber por quién inventado. Contaba Chiavetta que era un plato verlo al gringo Vairo agorándose a las trompadas con los tanos del Mercado de Concentraciòn y putearse en dialecto manfredoniano, montanaro, calabrés, bareseo siciliano, según las reglas de la tarde, tratando de defender a “le chique mio Fede e Cuancito“. Qué placer. Qué verlo a Rod Hudson en el cine si los sábados o los domingos si total bastaba pagar cincuenta guitas y ver el clásico de las tribunas, cuando todavía se iba de saco y corbata...-
-Ponè huevos, Pinino y lare...- bajaba desde la oficial.-
-Vengan ustedes a correr, hijos de ... – contestaba Juan Vairo
-Poné huevos, Pinino... – le decia Chiavetta, siempre vestido de negro.-
-Coco, jugá y dejate de contestarle a la hinchada .- dicen que se escuchó de boca de su hermano Federico.-
-Y vos, por qué no te vas a la... – replicó el insider, ya molesto.-
El mayor de los hermanos lo corriò como nunca esa tarde, pero para cagarlo a piñas por haberle contestado como lo hizo. Dicen que la hinchada había dejado de ver el partido por el momento para divertirse como Juancito Vairo entraba quince veces al orsay y salía con una precisiòn extraordinaria, mientras por detrás su hermano Federico se desesperaba en alcanzarlo. El juez de línea casi llama al árbitro. Chiavetta y toda la oficial se morían de la risa. En el suelo, se atornillaban. El 1 a 1 contra Independiente todavía era anecdótico. Y en una de esas corridas de pelicula, Juan enganchó la de tiento, de punta y puso el 2 a 1. El arquero de los rojos, Sanguinetti han dicho que se llamaba, nada. A los cinco minutos, de vuelta. 3 a1. Siete minutos más tarde, 4 a 1. Sanguinetti quería suspender el partido. Independiente, hermano de los tristes invasores del Parque Independencia, quería irse de la cancha. El referí le pedía por favor a Federico dejar de correr al hermano. El juez de línea tuvo que irse dos veces al baño. Se meaba. No aguantaba más. La popular de Regatas, mas bien toda la cancha entera, otro tanto... De un empate y unas cuantas corridas, el 4 a 1 definitivo.-
El del Diario La Capital entrevistó a Juan en el vestuario.-
-Juancito, repítame como hizo los goles .- interrogó mientras el menor de los Vairo secaba su cuerpo con una vistosa toalla amarilla.-
-No me acuerdo .- contestó el insider bajo la férrea mirada de su hermano.-
A partir de ese momento, la hinchada de Central siempre le pedía a Federico que corriera a su hermano Juan cada vez que le tocaba jugar de local.-
Lic. Eduardo Pace Vairo
Manfredonia (FOGGIA) Italia