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Por Fabio Cittá

La fuerza del Guerrero

 

 

 

 

- 08.02.2001

Era el Sábado a las 12:30 hrs. me aprestaba a diputar un partido de Beach Voley por el circuito provincial, el encuentro correspondía a los octavos de final y en este enfrentábamos a una dupla venida de la clasificación.

Conocíamos muy bien a nuestros dos oponentes de turno y a priori la instancia no nos tendría que causar ningún inconveniente, pero a la hora de comenzado el encuentro nuestra apatía sumada a las ganas del rival nos pusieron en una situación muy comprometida.

Como los partidos se disputan por el sistema de punto por jugada (tie break) cuando quisimos reaccionar estábamos al borde de la eliminación, muy malo para nosotros que estamos pelando los tres primeros lugares.

Luego del cambio de campo y cuando el partido expiraba, y con el marcador adverso, mis ojos le llevan un mensaje a cada célula estriada de mi sistema muscular... Sí señores, en la tribuna dos nenitas de nos mas de cuatro años enfundadas en sendas casacas AURIAZULES estaban viendo el encuentro.

Como les dije, el mensaje que entraba a mi cuerpo a través de los ojos me llenó de energías, como las que me agarran cuando veo entrar por el túnel a los representantes de nuestra querida ACADEMIA, y me hace gritar hasta desfallecer, pero esta vez me hicieron saltar.

Demás estará decir que dimos vuelta el cotejo y terminamos triunfadores. Una vez finalizado el mismo me acerqué a la tribuna y agradecí a ese señor (el Tío de las nenas) que había llevado esas dos preciosuras a ver el partido enfundadas en traje de gala.

 

Las niñas son dos hermanitas que se acaban de mudar a córdoba, lo que me llevó a recordar mis primeras días alejados de mi ciudad querida hace ya 15 años.

En la foto del partido soy el que se apresta a armar, mi compañero es Javier Solano (un gallina que no sabe nada de fútbol).