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De: Gustavo Fé
Enviado: 10 de enero de 2001
Asunto: Un día en la cancha del sabalero

 

Hace unos cuantos años, Central andaba mal, y nos toca jugar en Santa Fe con Colón. Mi viejo en ese entonces era viajante de comercio, y uno de sus clientes más importantes estaba en Santa Fe. Siempre amagaban con invitarnos un día a toda la famlia a comer un asado, y demás. La clave fue el partido ya que los santafesinos eran fanas de Colón. Los sableros iban bien ubicados, y se jugaban una fija. Terminamos de comer, (era invierno) y nos fuimos a la cancha tres sabaleros y nosotros dos. Antes de entrar nos dicen si quermos ir con ellos que nos regalan una platea, pero nosotros ni mamados aceptamos. Imaginen entre todas las banderas con esos horribles colores. Nos fuimos a la popular, y en realidad no eramos muchos, creo que el intenso frío, y la campaña regular había asustado a la gente. Era la época de Griguol como técnico, jugaba el chiquilín García, y la delantera era Palavecino, Andreucci y Benito. Creo que atajó el Oso Ferrero.

El partido fue malo, pero en un contrataque aislado, desborde del Chiquilín por la izquierda, y gol del fantasma Benito. 1-0 juro que un sudor frío nos corrió por la espalda, con mi viejo nos apretamos fuerte las manos, sin expresar un sonido, un gesto, creo que mi viejo hasta puteó por el gol. El resto de la tribuna inmutable. Enseguida le anulan un gol a ellos que metió el flaco Vega (que hoy creo que es el médico del plantel) por un off-side inexistente (el árbrito era Comesaña) la cancha se lo quería comer. Terminó el partido, volvimos a la casa de los clientes de mi viejo (obivamente con ellos, y sin decir una palabra -no olvidar ERAN LOS MEJORES CLIENTES-) Subieron mi vieja y mi hermano -que era muy chico- al auto, y pegamos la vuelta. Salimos por Santo Tomé (el puente todavía estaba roto) y cuando bajamos a la autopista mi viejo paró el auto, puso las balizas, nos bajamos, y gritamos el GOL, si dos horas después, hasta quedar afónicos como ante cada gol de la KD.

Terminado continuamos a casa.

Esta es una de varias anécdotas de 37 años de canalla. Ojalá les guste. Prometo otras.

 

Gustavo Fé