Por Raúl Astorga
El hincha más grande
- 10.05.2002
Escribo esto en relación a la memorable final de la Copa Conmebol de 1995 (19 de diciembre, día patrio si lo hay). No sé si hay estadística al respecto, pero podría afirmar que Vicente Donatto (quien nació en 1917) con sus 78 años a cuestas fue el hincha más grande ( o más viejo) que estuvo en el Gigante esa noche.
Si bien hacía muchos años que no iba a la cancha, cuando fuimos a un bar a ver la primera final contra el Atlético Mineiro (4 a 0 adverso) me juró que me acompañaba a la semana siguiente hasta Arroyito para alentar al equipo. Un poco no le creí, por una cuestión de salud de don Vicente. Sin embargo, quedé estupefacto cuando unos días después me mostró las dos entradas, y me dijo: Negro, ya está, el martes tempranito nos vamos a la cancha, pero temprano para encontrar lugar.
Y el mítico martes, partimos hacia Arroyito, los dos casi colgados en el estribo del "102". "Sabés cuánto hace que no viajo así", me decía. Yo no lo podía creer, estaba hecho un guerrero don Vicente. Además, hacía cálculos de los goles que debíamos hacer en el primer tiempo (él se conformaba con dos). Si hacemos dos, decía, en el segundo tiempo los matamos del todo.
Llegamos al Gigante y nos apostamos en el último escalón de la popu que da a Regatas, bien arriba porque yo temía una avalancha en algún gol y me sentía obligado a cuidar al viejo. Llegó la bandera gigante tirada por varios guerreros y creo que don Vicente se emocionó, porque sólo la había visto por televisión.
Así transcurrió el partido, cuando terminamos el primer tiempo 3 a 0, comencé a pensar que Vicente era un amuleto valioso. Cuando fuimos a los penales, pensé que se me moría, porque transpiraba mucho (quién no). Pero después con la vuelta nos volvimos locos.
Finalmente, cuando llegamos al pasillo donde somos vecinos, me dijo: no te vayás a dormir, esperame un ratito. A los cinco minutos, lo tuve en el comedor de mi casa con varias botellas de cerveza. Estuvimos brindando casi hasta las cuatro de la madrugada, y no parábamos de revivir la hazaña del glorioso equipo canalla.
Por todo esto,¡Salud, don Vicente, canalla de alma!
Raúl Astorga, de Rosario, y para siempre.