![]() Con 95 goles en todas las divisiones , Waldino Aguirre es el máximo goleador canalla en torneos de AFA |
Idolos canallas
Toritó de Corralitó...
Por Buqui Vatalaro
- 30.12.2002
Hablarle a un rosarino sesentón del Torito Aguirre es producirle gotas de brillo en las pupilas, encenderle luminosas antorchas de alegría en lo más hondo del corazón. Provocarle un regocijo que, supongo, habrá sentido cada uno de aquellos canallas que tuvieron la fortuna de verlo en acción durante las nueve temporadas que jugó para Rosario Central y las que, también, lo tuvieron como protagonista estelar con la camiseta charrúa.
Para hacer una semblanza meramente ajustada a los hechos bastaría con recurrir a los números, esos que te cantan la justa. Bastaría comenzar diciendo que Waldino Torito Aguirre jugó 182 partidos con la azul y amarilla y que, con sus 95 goles, fue el jugador que más tantos convirtió para Central en el ciclo profesional hasta la fecha. Pero con eso no basta para pincelar la estampa de este gran jugador, fenomenal jugador que fue transferido a Rácing allá por el cuarenta y pico. Ni siquiera encontrándose allá, al lado de viejos compañeros de equipo como Rubén Bravo (centroforward, hoy centrodelantero, nueve de área o punta), el Negro Ricardo (goalkeeper, hoy arquero, guardavalla o guardameta) y Alejandro Yebra (full back, hoy defensor, líbero, último hombre o defensa central), dejó de extrañar a su querido Arroyito.
Un año después, pobre de goles y de fútbol, apareció en Huracán, también junto a Ricardo. Pero el Torito estaba en otra cosa. Fue entonces que volvió a su viejo y querido club; a reencontrarse con su público con su gente, con su barrio sur, allí donde en pleno corazón de Tablada había comenzado una carrera rutilante que lo llevó a la fama siendo aún muy joven.
Me solía contar mi padre que, en realidad, el Torito ya era famoso cuando era todavía un jovencito. Viven algunos viejos charrúas que fueron testigos presenciales del fútbol rosarino del ´30 y que aseguran que muchísimos hinchas se aparecían sin previo aviso para ver los partidos de la quinta división donde él jugaba. Y ni hablar cuando jugaban Rosario Central contra Central Córdoba, porque allí se enfrentaban dos purretes que serían famosos: Vicente Capote de la Mata con la azulgrana y Harry Hayes con la auriazul.
Pero en esa quinta división, que dejó un día Vicente de la Mata, apareció Waldino Aguirre. Y la historia volvió a repetirse; los hinchas charrúas se regocijaron durante años con el Torito, cualquiera fuera la división donde jugase. En la primera división integró un terceto muy recordado por los viejos charrúas, junto con Fiore y Monestés.
Pero el Torito estaba llamado a ser más grande todavía; fue así que en 1941 comenzó a jugar en Rosario Central, adonde llegó junto con otro compañero charrúa que, por muchos años, se asentaría en Arroyito: José Casalini (half derecho, hoy lateral por derecha). Desde su inolvidable debut en la 2º fecha del torneo contra Platense, un 6 de abril de 1941, el Torito inició un largo y apasionado romance con la hinchada centralista, convirtiendo el gol del triunfo por uno a cero.
Al Torito le tocó, también, pelear contra el más fiero rival, el descenso de categoría, fantasma que acechaba siempre en aquellos tiempos y que hoy, lamentablemente, nos vuelve a asustar con toda su fiereza. Tuvo que saborear el trago amargo del descenso, es cierto, pero estaba hecho para soportar todas las adversidades. Me suelen contar que él fue el abanderado de un retorno a primera que se produjo al año siguiente, tras una campaña excepcional que lo encontró como goleador absoluto del torneo, con 32 tantos en 27 partidos, un promedio de gol por partido que hoy parece exagerado, pero real. Todo un récord.
Siguió haciendo goles en la primera canalla; pero fundamentalmente jugando, divirtiendo a la afiebrada masa de simpatizantes que le perdonaba todo, hasta su poca ortodoxa manera de dirigirse a los árbitros o a sus propias adversarios, lo que más de una vez lo dejaba fuera de actividad.
Me siguieron contando quienes lo vieron jugar en el apogeo de sus actuaciones que no hubo un jugador igual. Parecía tener poca habilidad en las piernas, pero lanzado en velocidad era imparable; daba la impresión que los rivales se apartaban de su camino. Tan sutil y perfecto era el movimiento de su cintura mágica que dejaba atrás a sus marcadores en su rumbo hacia el arco adversario.
La vida del Torito no fue fácil. Desde niño le faltó de todo: en especial cariño, afecto, amor. Por eso, quizás, se volcó totalmente hacia el fútbol y se jugó el alma en cada pelota. Gritó con todas sus ganas cada gol que hizo y disfrutó cada una de sus gambetas, como intentando tomarse revancha de sus propias miserias. Por eso, también, terminado el fútbol se terminó todo para este formidable jugador.
El destino, que tanto lo había escarnecido durante su infancia y adolescencia, lo esperaba cruelmente al término de su ciclo esplendoroso. Ya no estaba su público, su hinchada, ya no estaba su amiga la pelota -su mejor y más obediente compañera de fechorías- como tampoco el adversario burlado, ridiculizado por la mágica cintura del Torito. Estaba otra vez la calle, la mala compañía, la bebida, el triste sino inevitable que había retomado un camino de sombras y, otra vez, de privaciones.
Ocurrió entonces, una noche trágica de octubre, por el ´77, cuando la cuerda se rompió. El Torito fue detenido por un robo menor. Borracho, vencido y entregado, fue a parar a una comisaría donde indignos policías enfermos de impunidad terminaron con su vida.
El Torito murió como había nacido. Una silenciosa y auténtica congoja de miles de charrúas y, en especial, de canallas hermanados por el dolor de haber perdido a un ídolo, para muchos, el más extraordinario jugador que se haya visto en una época donde había superabundancia de auténticos cracks.
Dejó en Rosario Central un recuerdo inolvidable, un recuerdo que sigue mezclado entre las alegrías de su fútbol y el dolor final de su tragedia. Su nombre, Waldino Torito Aguirre, y su figura canallesca y atrevida merecen más que un sitial de privilegio, preponderante, en la galería selecta de nuestros ídolos más queridos. Este es nuestro humilde homenaje, el homenaje de canalla.com.
Hazle un favor a papá o al abuelo, ve por ellos y ofrécete para leerles este relato y verás, como dije en el inicio, mágicamente, aparecer gotas de brillo en sus pupilas.
Buqui Vatalaro
(Rosarino, tanguero y de Central)