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Literatura Ocalista
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Blanco
sobre negro (Reflexión)
De Arroyito a Mao
- 19.01.2002
Escribe Miguel Gesuiti*
Al Che. Vos que estuviste por ahí y que como “canalla” me entendés mejor que nadie.
Nunca había reparado en que era posible unir las vivencias de una cancha de fútbol, con las de un mausoleo. Menos que mi condición de “canalla”, podía hermanarme con la ola humana que pujaba por visitar la tumba del Presidente Mao.
No es ésta la oportunidad para describir las peripecias de una travesía en China, que me llenó de contenidos, felicidad y dudas. Sólo me quiero limitar a lo que me pasó una tarde en la paz celeste de Tianamen, en Beijing, frente a las puertas de la ciudad prohibida.
La
plaza era una feria popular. Experimenté desconcierto al advertir que en
ese sitio se exponían los restos embalsamados de Mao Tsé-Tung. Cientos y
cientos de chinos, por delante y por detrás de mí, hacían cola para acercarse
a la imagen mortal del legendario Mao Tsé-Tung. Desfilaban por mi mente,
los recuerdos de la fundación del Ejército Rojo, allá por 1927, la larga
marcha de 12.000 km., en 1934, que comenzó con 130.000 combatientes y concluyó
con 10.000. Las guerras contra Chiank Kai-Shek y contra los japoneses, el
triunfo y la consolidación comunista de 1949, las disputas con la URSS,
los delirios del gran salto económico, la revolución cultural contra los
residuos burgueses de 1973. Abrí los ojos. Vi a miles de estudiantes barridos
en la misma plaza que yo pisaba. Vi cucharitas que se fundían en la campaña
por el acero, gorriones muertos a palos, cereales diezmados por los insectos
y observé como el presidente –al que daban por muerto– cruzaba las turbulencias
del río emblema. El rumor de las aguas fue creciendo hasta devenir en la
voz inconfundible de mi estadio, cuando todo vibra. El mismo murmullo penetrante
que alienta la esperanza más allá del desasosiego. En la prodigiosa complementariedad
del oro y el violeta, escuché hace unos años: “Si Perón vuelve se arregla
todo”. Y aquí en Tianamen, otra hinchada como la de Arroyito, me dio a entender
en chino, que “Si Mao vuelve se arregla todo”. Sí, aquí en Tianamen estaban
los muchachos de Arroyito, confiando en la divisa que todo lo hace posible.
Comprendí entonces que lo que el poeta Li Po escribiera hace 1.300 años
era exacto:
“Nuestros sentimientos se encuentran en la misma copa”.
*Miguel Gesuiti es abogado de empresas y Catedrático de Derecho Administrativo.